La Agencia Internacional de la Energía (IEA) ha publicado un informe sobre el potencial de las redes de calefacción y refrigeración de distrito para incorporar más energías renovables y aprovechar fuentes de calor residual actualmente infrautilizadas. El documento examina cómo estas infraestructuras pueden contribuir a reducir emisiones, mejorar la eficiencia energética y reforzar la seguridad del suministro mediante un menor uso de combustibles fósiles importados.
Según el informe, la calefacción y la refrigeración representan más de la mitad del consumo final de energía en el mundo. Dentro de ese bloque, la energía de distrito aporta cerca del 10% del consumo final global de calor, equivalente a alrededor del 5% del consumo energético total. Las redes de calefacción urbana abastecen a más de 600 millones de personas y superan el millón de kilómetros.
El informe no presenta la energía de distrito como una solución universal, sino como una herramienta especialmente útil allí donde existe alta densidad de demanda. Su finalidad principal es identificar cómo integrar más renovables y calor recuperado en redes existentes y futuras, y qué políticas permiten hacerlo sin comprometer asequibilidad, fiabilidad ni seguridad de suministro.
Energías renovables en redes de calor
La IEA subraya que, aunque la producción mundial de calor de distrito alcanzó unos 20 EJ en 2024, un 35% más que en 2010 y un 60% más que en 2000, el sistema sigue dominado por combustibles fósiles. El carbón aporta aproximadamente la mitad del calor de distrito mundial y el gas natural cerca de un tercio. China, Rusia y Europa concentran más del 90% de la producción global.
La cuota renovable es todavía limitada: solo alrededor del 7% del calor de distrito procede de renovables. Además, el crecimiento previsto con las políticas actuales es de apenas un 10% adicional hasta 2030, muy por debajo del avance observado en solar fotovoltaica, eólica o vehículos eléctricos. El informe destaca que nueve países superan el 50% de renovables en calefacción de distrito; ocho pertenecen a la Unión Europea y el noveno es Islandia.
En el norte de Europa, la bioenergía, la geotermia, el calor residual y las bombas de calor han reducido la dependencia de combustibles importados hasta el 14% del suministro de calor de distrito. En los países bálticos, los biocombustibles sólidos nacionales han limitado esa dependencia al 25%. En Europa central y occidental, en cambio, la cifra asciende al 44%, y en Europa oriental al 38%.
Calor residual, bombas de calor y almacenamiento térmico
El documento insiste en que muchas soluciones ya están disponibles: bioenergía sostenible, geotermia, solar térmica, bombas de calor a gran escala, calderas eléctricas, recuperación de calor residual y almacenamiento térmico. El reto está en las condiciones económicas, regulatorias y de planificación que determinan si esas opciones pueden competir con gas y carbón.
El calor residual aparece como uno de los recursos locales más desaprovechados. Puede proceder de centros de datos, metro, supermercados, hospitales, depuradoras o industria. En China, el potencial teórico combinado de calor residual industrial, aguas residuales y centros de datos se estima en unos 10 EJ, aunque no todo es recuperable de forma económica. En Finlandia, el calor residual aportó en 2024 el 18% de la producción total de calor de distrito.
Las bombas de calor de gran escala son otro eje del informe. Su competitividad depende de la temperatura de la fuente, la temperatura de la red y la relación entre precio de electricidad y gas. Según los análisis de coste del documento, una bomba de calor que aprovecha calor industrial a unos 40 °C y abastece una red de baja temperatura puede requerir hasta tres veces menos electricidad por unidad de calor que una instalación que extrae calor de fuentes frías y alimenta una red de alta temperatura.
El informe subraya que muchas de estas tecnologías no son experimentales ni dependen de avances futuros. Las redes de calor ya utilizan biomasa, geotermia, almacenamiento térmico, calor residual y grandes bombas de calor en numerosos mercados. La cuestión central no es desarrollar nuevas soluciones, sino crear las condiciones para desplegarlas a mayor escala. En muchos casos, las redes existentes pueden incorporar nuevas fuentes renovables o calor recuperado sin necesidad de reconstruir completamente las infraestructuras ya desplegadas, reduciendo costes y acelerando la descarbonización.
Seguridad energética y asequibilidad
La dimensión de seguridad energética atraviesa todo el informe. Las renovables y el calor residual ya desplazan más de 190 millones de barriles equivalentes de petróleo de combustibles fósiles importados al año en regiones clave, principalmente en Europa. En el norte europeo, sin renovables, la dependencia importadora en calefacción de distrito sería más de cuatro veces superior; en los países bálticos, más de cinco veces.
La refrigeración de distrito recibe menos atención que la calefacción, pero el informe la presenta como una oportunidad estratégica. Más de 3.000 millones de personas viven en centros urbanos densos con necesidades significativas de refrigeración, y más de 700 millones en ciudades que requieren tanto frío como calor. Sistemas como los de Dubái, París, Toronto, Estocolmo, Singapur o Copenhague muestran cómo la refrigeración centralizada puede reducir picos eléctricos, integrar almacenamiento y liberar espacio urbano ocupado por equipos individuales.
Las tarifas europeas de calor de distrito son, de media, tres veces superiores a las de China, casi cuatro veces las de Rusia y más de diez veces las de Asia Central. La diferencia no responde solo al combustible, sino a modelos tarifarios y recuperación de costes. En Europa predomina la medición por consumo; en China, Rusia y Asia Central siguen extendidas tarifas planas o normativas, que reducen incentivos para ahorrar energía.
La IEA considera que esta dimensión adquiere una relevancia creciente en un contexto de volatilidad de los mercados energéticos y tensiones geopolíticas. A diferencia de los combustibles fósiles importados, muchas fuentes utilizadas en redes de distrito —como biomasa local, geotermia, calor residual o electricidad renovable para bombas de calor— pueden obtenerse dentro del propio territorio, reduciendo la exposición a interrupciones de suministro y a fluctuaciones internacionales de precios.
Recomendaciones de política para redes de calor y frío renovables
La IEA organiza sus recomendaciones por tipo de mercado. En los sistemas que ya cuentan con una elevada participación de renovables, especialmente en los países nórdicos y bálticos, el objetivo principal es optimizar el funcionamiento de las redes. El informe propone reducir las temperaturas de operación, acelerar la rehabilitación energética de edificios, ampliar el uso de almacenamiento térmico estacional, integrar más calor residual y reforzar la capacidad de las redes para aportar flexibilidad al sistema eléctrico mediante bombas de calor y electrificación inteligente. También recomienda apoyo específico a hogares vulnerables durante reformas o cambios tarifarios.
En las redes todavía dominadas por combustibles fósiles, la prioridad es modernizar infraestructuras y sustituir progresivamente las tecnologías más intensivas en emisiones. Entre las medidas recomendadas figuran la renovación de redes antiguas, la digitalización de operaciones mediante sistemas avanzados de control, la implantación de contadores individuales, la mejora de la eficiencia de edificios conectados y el desarrollo de marcos regulatorios que faciliten inversiones de largo plazo.
Para los mercados emergentes o aquellos donde las redes de distrito apenas están desarrolladas, la IEA pone el foco en la planificación temprana. Recomienda elaborar mapas de demanda de calor y frío, identificar recursos locales disponibles —renovables y calor residual—, impulsar proyectos piloto, establecer objetivos de largo plazo y desarrollar capacidades técnicas y profesionales que permitan expandir el sector de forma ordenada.
Más allá de las diferencias entre regiones, el informe identifica varios elementos comunes: planificación energética integrada, señales económicas estables, acceso a financiación de largo plazo, reconocimiento del valor del calor residual y marcos regulatorios que permitan aprovechar la flexibilidad que aportan las redes térmicas al sistema energético.
Papel relevante en la transición energética
El informe concluye que las redes de calefacción y refrigeración de distrito pueden desempeñar un papel más importante en la transición energética de lo que refleja su peso actual en el consumo energético mundial. Aunque siguen dependiendo en gran medida del carbón y del gas natural, existen opciones para aumentar la participación de energías renovables, calor residual, electrificación y almacenamiento térmico.
La IEA señala que muchas de las tecnologías necesarias para esa transformación ya están disponibles y se utilizan en distintos mercados. El ritmo de despliegue depende en gran medida de factores regulatorios, económicos y de planificación, así como de las condiciones específicas de cada sistema.
En los mercados con redes ya desarrolladas, el informe identifica oportunidades para integrar más fuentes renovables y calor recuperado, reducir las temperaturas de operación, ampliar el almacenamiento térmico y mejorar la eficiencia de los edificios conectados. En los mercados menos desarrollados, destaca la importancia de la planificación temprana, la identificación de recursos locales y la creación de marcos que faciliten nuevas inversiones.
Según la IEA, las redes de distrito pueden contribuir simultáneamente a la reducción de emisiones, a una mayor integración de energías renovables y al fortalecimiento de la seguridad energética mediante un menor uso de combustibles fósiles importados. Para ello, el informe subraya la importancia de contar con señales económicas adecuadas, financiación de largo plazo y marcos regulatorios que faciliten la incorporación de nuevas fuentes de calor y frío.
