El proyecto europeo Irene trabaja para facilitar el acceso de los hogares vulnerables a la rehabilitación energética de edificios mediante un modelo que combina eficiencia energética, participación ciudadana y apoyo técnico, financiero y legal. La iniciativa, financiada por el programa LIFE de la Unión Europea, se desarrolla en cuatro ciudades piloto: Madrid (España), Vilna (Lituania), Vilvoorde y Lovaina (Bélgica), con el objetivo de combatir la pobreza energética y avanzar hacia una transición energética justa, evitando que la mejora de los barrios provoque el desplazamiento de sus residentes.
Irene (Catalysing Inclusive, Representative, Equitable Energy reNovation wavE) comenzó en septiembre de 2025 y se prolongará hasta agosto de 2028. El consorcio está formado por Global Factor International Consulting, que coordina el proyecto; la Universidad Tecnológica de Delft; las ciudades de Vilvoorde y Lovaina; la Asociación Nacional de Empresas de Servicios Energéticos (Anese); el Ayuntamiento de Madrid; Atnaujinkime Miesta; la Alianza de Consumidores Lituanos; el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC); y Horizon Europe Proyectos Líderes.
Con un presupuesto total de 1,84 millones de euros, de los que cerca de 1,75 millones corresponden a la contribución de la Unión Europea, el proyecto se enmarca en el programa LIFE de Transición hacia una Energía Limpia. Sus actuaciones buscan contribuir a los objetivos energéticos y climáticos europeos, la estrategia Renovation Wave y la neutralidad climática para 2050.
Rehabilitación energética para combatir la pobreza energética
La pobreza energética afecta a millones de personas en la Unión Europea y tiene consecuencias que van más allá del consumo de energía, con efectos sobre la salud, la inclusión social y la calidad de vida. Ante esta situación, el proyecto Irene plantea impulsar rehabilitaciones integrales de eficiencia energética en edificios residenciales, prestando especial atención a los hogares y barrios en situación de vulnerabilidad.
El objetivo general es promover un diseño integrado de las actuaciones de rehabilitación que permita reducir el consumo energético, mejorar el confort de las viviendas y, al mismo tiempo, prevenir el desplazamiento de la población residente y los procesos de gentrificación derivados de la transformación de los barrios.
Para ello, el proyecto aborda algunas de las barreras normativas, económicas y técnicas que dificultan actualmente el acceso a la rehabilitación energética. El planteamiento combina el acompañamiento a los residentes con la colaboración entre administraciones públicas, comunidades de propietarios y otros agentes implicados, además de explorar fórmulas innovadoras de financiación.
Uno de los elementos centrales de Irene son las Oficinas de Ventanilla Única (One-Stop Shops), concebidas como marcos accesibles para ofrecer servicios integrales de rehabilitación y apoyo técnico, financiero y legal, con especial atención a los grupos vulnerables.
Participación ciudadana y Centros de Justicia Energética
El proyecto desarrolla una metodología participativa que parte de la realización de diagnósticos locales para conocer las características de cada territorio. Entre las actuaciones previstas se encuentra la identificación y cartografiado de indicadores de pobreza energética, así como el análisis de las barreras que dificultan la rehabilitación.
A partir de estos diagnósticos, se trabaja con grupos formados por administraciones locales, representantes de la ciudadanía y personal técnico. Su participación permitirá codiseñar estrategias de rehabilitación adaptadas a cada contexto, desarrollar recomendaciones políticas y estudiar soluciones de financiación.
Dentro de esta metodología, Irene prevé establecer cuatro Centros de Justicia Energética (Energy Justice Hubs), uno en cada ciudad piloto y con al menos 15 partes interesadas activas en cada uno de ellos.
Estos centros están planteados como espacios de diálogo y colaboración entre instituciones de investigación, administraciones públicas y organizaciones de la sociedad civil. Su finalidad es facilitar el intercambio de conocimientos, identificar soluciones y contribuir a que las actuaciones desarrolladas durante el proyecto puedan mantenerse a largo plazo.
A esta línea de trabajo se suman programas de formación dirigidos tanto a la ciudadanía como a los diferentes agentes involucrados en la transición energética. El proyecto pretende así que los residentes vulnerables dispongan de herramientas para participar activamente en los procesos de rehabilitación y contempla, entre sus objetivos, el desarrollo de un Protocolo de Energía Justa.
Cuatro ciudades piloto para probar diferentes modelos
Las soluciones desarrolladas por Irene se están poniendo a prueba en Madrid (España), Vilna (Lituania) y las ciudades belgas de Vilvoorde y Lovaina. La elección de cuatro contextos urbanos con diferentes condiciones socioeconómicas, climáticas y regulatorias permitirá analizar distintos modelos y estudiar posteriormente su replicabilidad en otros territorios europeos.
En todas las ciudades se están cartografiando indicadores de pobreza energética, realizando entrevistas a residentes vulnerables y promoviendo los Centros de Justicia Energética. El punto de partida, sin embargo, no es el mismo en todos los pilotos. En Vilna y Vilvoorde ya existen Oficinas de Ventanilla Única, por lo que Irene trabaja en reforzar estos servicios para mejorar su capacidad de atención a los hogares vulnerables. En Madrid y Lovaina, en cambio, se están desarrollando nuevos sistemas de apoyo técnico, financiero y legal destinados a acompañar a la ciudadanía durante el proceso de rehabilitación.
Las primeras actuaciones ya han permitido establecer contacto directo con los residentes. En Vilvoorde se ha llegado a más de 200 personas mediante sesiones informativas y visitas domiciliarias, y más de 50 hogares han recibido asesoramiento personalizado.
En Madrid, las actuaciones se concentran en el barrio de Puerto Chico, donde los talleres y encuentros vecinales han movilizado a un número similar de residentes. A través de estas iniciativas, los hogares pueden recibir información sobre las ayudas disponibles en programas como el Plan Rehabilita 2026, el Plan Transforma tu Barrio 2026 y el Plan Estatal de Vivienda 2026-2030.
Paralelamente, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) está llevando a cabo análisis ambientales y termográficos, además de instalar sensores de confort y caracterizar materiales urbanos, con el objetivo de evaluar el impacto de las actuaciones de rehabilitación. Utilizando un espectrofotómetro de fibra óptica y un emisómetro, el equipo ha recopilado datos sobre diez tipos de pavimento y cuatro materiales de fachada. El propósito es evaluar cómo los diferentes tipos de pavimento y materiales de fachada reflejan, absorben y emiten calor procedente de la radiación solar, contribuyendo al diseño de entornos urbanos más eficientes energéticamente.
Objetivos de rehabilitación e inversión hasta 2028
El proyecto Irene establece una serie de objetivos cuantitativos para medir su impacto durante sus tres años de duración. Entre ellos figura facilitar la renovación integral de 227 edificios y movilizar inversiones por valor de 293 millones de euros en soluciones energéticas sostenibles. Asimismo, contempla impulsar nueve cambios legislativos y desarrollar 97 estructuras de gobernanza orientadas a favorecer una rehabilitación justa y prevenir la gentrificación y el desplazamiento de los grupos vulnerables.
En materia energética y ambiental, el objetivo establecido es alcanzar un ahorro energético de 72 GWh al año y reducir las emisiones en 68,6 tCO2e anuales. Las actuaciones pretenden generar además beneficios sociales relacionados con la mejora del confort térmico y de la calidad del aire interior, la salud física y mental y la inclusión social, además de contribuir a reducir los costes energéticos de los hogares.
Más allá de los cuatro pilotos, Irene busca que las metodologías desarrolladas puedan reproducirse y ampliarse en otras ciudades europeas. El proyecto pretende generar modelos escalables de rehabilitación energética que reduzcan el consumo y los costes energéticos y mejoren las condiciones de vida, incorporando desde el diseño de las actuaciones las necesidades de las personas en situación de vulnerabilidad. De esta forma, la iniciativa aborda la rehabilitación de edificios como una herramienta para avanzar simultáneamente en la descarbonización del parque residencial, la lucha contra la pobreza energética y una transición energética más justa e inclusiva.
