Castilla y León apuesta por la biomasa térmica y eléctrica

Las energías renovables presentan un triple interés para Castilla y León: para el entorno rural, al ser un acicate a su desarrollo; para la economía, al atraer inversiones y empleo y para el medio ambiente, al sustituir otras tecnologías más contaminantes.

Como Comunidad autónoma eminentemente rural, dispone de una importante cantidad de recursos biomásicos, estimados en unos 13.000 ktep/año, en términos de energía primaria, de los que más del 85% corresponde a recursos forestales y agrícolas, susceptibles de ser aprovechados energéticamente por una gran variedad de consumidores, de forma muy diferente, en pélets, biocarburantes, electricidad, calor, etc.

El Plan Regional de Ámbito Sectorial de la Bioenergía de Castilla y León es el principal instrumento puesto en marcha por la Junta de Castilla y León para desarrollar este sector. Su vigencia es para toda la presente década. Los objetivos establecidos son importantes (aprovechar energéticamente hasta 7 millones de toneladas de diferentes tipos de biomasa) pero posibles de conseguir en gran medida.

El clima de Castilla y  León origina una importante demanda de calor en invierno, así como un extenso sector agrario. Los ejemplos de dos instalaciones de biomasa en Briviesca (Burgos) y Tabuyo del Monte (León) demuestran un correcto funcionamiento de esta fuente de energía renovable, tanto en su aprovechamiento para calor como en la producción de electricidad. 

100.000 toneladas de paja de la Bureba para generar electricidad

Aunque lo más conocido de la biomasa es su vertiente térmica, gracias a los ahorros que con ella se consiguen frente al uso de combustibles fósiles para calefacción, algunos tipos de biomasa son muy idóneos para su aprovechamiento generando electricidad. 

Este es el caso la fracción orgánica de los residuos sólidos urbanos, así como de las aguas residuales, con los que se puede generar electricidad previa producción de biogás. Normalmente estas instalaciones presentan potencias pequeñas y medianas.

Otro caso, de mayor tamaño en cuanto a potencia, es el uso de los restos agrícolas, muy abundantes en toda la región. Destaca la comarca agrícola Bureba-Ebro, donde se utilizan unas 100.000 toneladas cada año de paja de cereal (principalmente trigo), y se envían a la central de biomasa de Briviesca (Burgos), cuya potencia instalada es de 17 MWe.

De esta instalación resalta el desarrollo de tecnología nacional, con una caldera que ha sido la primera fabricada en Barcelona, con prestaciones y exigencias de materiales, presiones y temperaturas muy elevadas.

También, aunque ahora parezca algo natural, el modelo de gestión de biomasa-materia prima implantado en la comarca, ha conllevado un importante esfuerzo y búsqueda de acuerdo entre todos los participantes, digno de mención.

La planta de Briviesca produce la energía equivalente a 881.000 barriles de petróleo. Cuenta con 25 empleos directos y entre 70 y 80 indirectos (para suministro de paja prncipalmente). Pone en valor restos agrícolas, y ha creado una nueva vía de desarrollo para el sector primario.

Consigue evitar la emisión de 115.000 t/año de CO2, con un efecto depurativo equivalente al de 6 millones de árboles.

 

 
 
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