La demanda mundial de electricidad seguirá aumentando con fuerza hasta 2030, lo que subraya la necesidad de invertir de forma acelerada en redes eléctricas y en mecanismos de flexibilidad del sistema, en paralelo a la expansión de las energías renovables, la energía nuclear y el gas natural. Así lo señala el informe Electricidad 2026 publicado por la Agencia Internacional de la Energía (IEA), que prevé que la demanda mundial de electricidad aumente a una tasa media anual del 3,6% durante el período 2026-2030, impulsada por el aumento del consumo en la industria, los vehículos eléctricos, el aire acondicionado y los centros de datos.
Este documento es el informe anual de la IEA sobre los sistemas y mercados eléctricos globales. Ofrece un análisis exhaustivo de las tendencias recientes y la evolución de las políticas que sustentan esta nueva era. Incluye previsiones de la demanda y la oferta de electricidad, así como de las emisiones de CO₂ para países seleccionados, por región y a nivel mundial. Este año, el período de previsión se ha ampliado a cinco años (2026-2030), en comparación con la previsión trienal anterior.
Demanda de electricidad y energías renovables
El informe Electricidad 2026 prevé que la participación conjunta de las energías renovables y la nuclear alcance el 50% de la combinación energética mundial a finales de esta década, frente al 42% actual. En paralelo, se proyecta que la demanda mundial de energía aumente más de un 3,5% anual de media durante el resto de esta década, con la electricidad como vector que crece al menos 2,5 veces más rápido que la demanda energética total.
El análisis de la IEA atribuye este avance de la electricidad al uso industrial creciente, la rápida adopción de vehículos eléctricos, el mayor empleo de aire acondicionado y la expansión de los centros de datos y de la inteligencia artificial. Aunque las economías emergentes y en desarrollo siguen siendo el principal motor de esta demanda, las economías avanzadas vuelven a aumentar su consumo eléctrico tras 15 años de estancamiento y se espera que aporten una quinta parte del incremento total de la demanda de energía hasta 2030.
Según el informe, la generación mundial a partir de fuentes renovables, impulsada por un despliegue récord de la energía solar fotovoltaica, ha superado ya a la producción con carbón, después de acercarse a su nivel en 2025. La energía nuclear también marca un nuevo máximo histórico, reforzando el peso de las tecnologías de bajas emisiones en el sistema eléctrico global.
La producción de gas natural se prevé al alza hasta 2030, asociada al crecimiento de la demanda de electricidad en Estados Unidos y a la sustitución progresiva de petróleo por gas en Oriente Medio. La electricidad generada con carbón pierde presencia a escala global y retrocede hacia los niveles de 2021 a finales de la década. Pese a estas transformaciones, las emisiones de CO₂ procedentes de la generación eléctrica se mantendrían prácticamente estables entre hoy y 2030.
El documento señala que estas tendencias exigen una expansión rápida y eficiente tanto de las redes eléctricas como de la flexibilidad del sistema.
Flexibilidad del sistema y asequibilidad
El informe calcula que la mejora y expansión de las redes, la adopción de tecnologías avanzadas y reformas regulatorias que faciliten usos más flexibles permitirían integrar hasta 1.600 GW de proyectos en espera a corto plazo. Estas medidas harían un uso más eficiente de la infraestructura eléctrica e incrementarían de forma notable la capacidad disponible para nuevas energías renovables. De acuerdo con la IEA, satisfacer la demanda prevista hasta 2030 implicará aumentar un 50% la inversión anual en redes eléctricas, al tiempo que se refuerza la flexibilidad del sistema.
Según la IEA, la asequibilidad de la electricidad es una preocupación creciente: en muchos países, los precios para los hogares han aumentado más rápido que los ingresos desde 2019, presionando también a industrias y empresas. En respuesta, los responsables de políticas ajustan marcos regulatorios, diseños de mercado e incentivos para atraer inversión, mejorar la flexibilidad y elevar la eficiencia en todos los eslabones del sistema, desde la demanda hasta la infraestructura de redes eléctricas.
El informe advierte, además, de la necesidad de reforzar la seguridad y la resiliencia de los sistemas eléctricos ante riesgos crecientes. Modernizar el funcionamiento de los sistemas, así como reforzar la protección física de las infraestructuras críticas, será esencial para contrarrestar estas amenazas, enfatiza el informe.
