Los datos recogidos por la Oficina Europea de Estadística (Eurostat) señalan que el consumo neto de energía doméstica de la economía de la UE alcanzó en 2023 los 56,1 millones de terajulios, lo que supone un descenso del 4,1% respecto a 2022. De ese total, empresas y administraciones públicas concentraron el 72,3% para sus actividades productivas, mientras que los hogares absorbieron directamente el 27,7% restante.
El documento recoge datos sobre el consumo neto de energía doméstica de la economía de la UE, así como del ritmo de eficiencia energética en las actividades productivas de la UE entre 2014 y 2023. El consumo neto de energía doméstica cuantifica la cantidad total de energía realmente consumida por las actividades económicas de los residentes, lo que la hace inutilizable para un mayor uso energético.
Uso neto de energía y sectores de la economía de la UE
Al analizar el uso de energía por actividad económica, la mayor parte del uso neto doméstico de energía correspondió a la manufactura, con 14,3 millones de terajulios, equivalentes al 25,5% del total. A continuación se situó el suministro de electricidad, gas, vapor y aire acondicionado, con 10,1 millones de terajulios (17,9%), y, en tercer lugar, el transporte y almacenamiento, con 6,9 millones de terajulios, que concentraron el 12,3% del uso neto doméstico de energía.
En comparación con 2022, el suministro de electricidad, gas, vapor y aire acondicionado registró la mayor caída en uso de energía, con un descenso del 8,7%. La manufactura también redujo de forma notable su consumo energético, con una contracción del 5,5%. En contraste, el transporte y almacenamiento fue la única rama de actividad económica que incrementó su uso de energía en 2023, con una subida del 8,1%.
Según los datos de Eurostat, los hogares representan aproximadamente una cuarta parte (28%) del consumo neto de energía doméstica de la UE (15,6 millones de terajulios en 2023). A nivel de la UE, más de la mitad de esta energía (53%) se utilizó para calefacción y refrigeración. El resto se destinó al transporte privado (38%) y a otras actividades (9%), lo que incluye, por ejemplo, la electricidad para electrodomésticos. Entre 2014 y 2023, la cantidad de energía que los hogares de la UE utilizaron para calefacción y refrigeración disminuyó un 1%.
Eficiencia e intensidad energética
En el periodo 2014-2023, la evolución hacia una mayor eficiencia energética en las actividades productivas de la UE fue desigual. Estonia redujo la intensidad energética de su valor añadido bruto en un 43,1%, mientras que Irlanda recortó este indicador un 42,8% y los Países Bajos lo hicieron en un 37,2%. Estos descensos reflejan una menor cantidad de energía necesaria para generar la misma cantidad de valor añadido o una mayor producción obtenida con el mismo uso neto de energía.
En el extremo opuesto, los datos señalan que Malta incrementó la intensidad energética de su valor añadido bruto en un 22,9% y Lituania en un 9,3%, siendo los dos únicos países de la UE que registraron aumentos en este indicador entre 2014 y 2023. En el cálculo de la intensidad energética, solo se considera la energía empleada por las actividades productivas, ya que los hogares no generan valor añadido bruto, aunque su participación en el uso de energía de la economía de la UE se mantuvo en el 27,7% en 2023.
